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Es muy fácil obtener un vino mediocre de cepas estupendas, pero es imposible crear un gran vino con uvas malas, y por eso nuestra obsesión desde el principio ha sido encontrar las viñas que por viejas y por pequeñas no quería ya nadie. Viñas plantadas hace tanto tiempo que fueron diseñadas para que labrasen los caballos, y no los tractores, y que generan uvas con la fruta, intensidad y estructura necesarias para convertirse en grandes vinos. Cuidamos ocho viñas con métodos tradicionales y respetuosos con el medio ambiente:

 

Mendiguerra. Plantada en 1931 en lo alto de una colina junto a un pequeño pinar. Sus suelos son eminentemente calcáreos y pobres, donde tan sólo una cepa o un olivo pueden ser cultivados. Al margen de algunas plantas sueltas de Garnacha y de Viura, todo es Tempranillo.

 

La Loma. De 1946. Tan hermosa y perfecta como difícil de vendimiar. Plantada en una escarpada ladera de suelos calizos y pedregosos, sus Tempranillos son los más aterciopelados que hayamos conocido.

 

Mingortiz. Plantada por nuestro amigo Santiago en 1971 en suelos algo más profundos y ricos. Sin embargo, una buena viticultura consigue que los racimos sean siempre pequeños y sueltos, clave para lograr un vino de calidad.

 

Choza Ibarra.

La hermana pequeña de Mingortiz, también de 1971 y situada muy cerca en suelos más pobres y pedregosos. Incluso en los años más

secos y cálidos, gracias a sus profundas raíces todas las plantas conservan sus hojas y dan tempranillos de gran frescura y acidez.

 

El Cantillo. Como su nombre apunta, esta viña de 1946 situada junto a una antigua vega, ahora barranco, está cubierta por un manto de cantos rodados. Es nuestra viña más pequeña y cálida, logrando cada año uvas de una madurez extraordinaria.

 

Caralacueva. Nuestro amigo Daniel es un gran viticultor y sus vinos se venden con éxito en medio mundo (www.bodegasdanielpuras.es). Cada año nos cede su viña más vieja, Caralacueva, plantada en 1953, donde obtenemos un extraordinario y vibrante Graciano, complemento perfecto del Tempranillo para nuestros Reservas.

 

El Rincón. Nuestra viña más joven (1988), situada en un lugar increíble, donde el principal peligro para las cepas no son el oidio ni el mildiu, sino los corzos que cada primavera intentan comerse los primeros brotes. Plantada con Tempranillo y Graciano en suelos profundos calizos y arcillosos, El Rincón ofrece unas uvas finas y afrutadas que conforman nuestro vino Miguel Merino Viñas Jóvenes.

 

Mazuelo de la Quinta Cruz (1982). La Mazuelo es una uva difícil, de ciclo muy largo y que por lo tanto necesita calor y tiempo para madurar. Por eso es muy poco habitual en la Rioja Alta. Sin embargo, si está en el suelo adecuado y se cultiva con ciudado y paciencia es una uva extraordinaria, capaz de dar vinos especiados, profundos y únicos, de un color intenso y una acidez vibrante.

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